miércoles, 2 de octubre de 2013

Lesiones del tendón de aquiles. Diagnóstico por imagen.

- Tendinopatía: incluye tanto a la tendinosis como a la tendinitis, diferenciando ambas entidades a través de la anatomía patológica.
  • Tendinosis: se produce a 2-6 cm cranealmente con respecto a la inserción del tendón en el calcáneo, zona más débil y menos vascularizada del tendón. 
          Por ecografía, el tendón aparece hipoecogénico y engrosado, pudiendo acompañarse de roturas  parciales.

  • Tendinopatía insercional: se localiza en los 2 últimos centímetros del tendón. Se produce por una causa inflamatoria, pudiendo encontrarse en el contexto de una entesopatía generalizada (Psoariasis, por ejemplo).
          En su forma crónica puede asociar calcificaciones intratendinosas o de la inserción.
  • Síndrome de Haglund: exostosis posterosuperior en calcáneo, con tendinopatía insercional y bursitis retrocalcánea y/o retroaquílea. 
          Por ecografía, la bursitis se visualiza como una imagen hipo o anecoica con refuerzo acústico posterior. 

          Por RM se observa un engrosamiento del tendón, con pérdida del aplanamiento anterior normal en secuencias sagitales y  convexidad de la cara anterior del tendón en secuencias axiales. La intensidad de señal será intermedia-hiperintensa en T1 y T2. La presencia de roturas parciales se manifestará como imágenes lineales hiperintensas.
 
- Paratendinopatía: el paratendón es una estructura formada por tejido conectivo laxo que recubre la cara medial, dorsal y lateral del tendón de aquiles. La paratendinopatía presenta la misma clínica y factores predisponentes que la tendinopatía. El diagnóstico diferencial entre ambas se puede hacer a través de la exploración física: la flexión dorsal y plantar del pie produce la movilización del engrosamiento y del dolor en la tendinopatía, cosa que no sucede en la paratendinopatía. 

          En RM visualizaremos una franja hiperintensa alrededor del tendón de Aquiles, en secuencias T2. 

- Rotura: lesión que se produce fundamentalmente en varones de 30 a 40 años que realizan una actividad física intermitente sin el entrenamiento adecuado. También es posible encontrarla en deportista con tendinopatía previa. Existen casos descritos asociados a enfermedades sistémicas o al tratamiento con ciertos medicamentso como las quinolonas. 

La zona de rotura más frecuente se encuentra en la porción intermedia del tendón, a 2-6 de su inserción.

Clínicamente, se produce una impotencia funcional moderada, asociada a la incapacidad para ponerse de puntillas. Puede apreciarse la presencia de hematoma y cambios inflamatorios. En caso de rotura completa, puede observarse el "signo del hachazo" (discontinuidad del tendón a la observación y a la palpación) o la ausencia del test de Thompson (falta de flexión dorsal tras la compresión gemelar con el paciente en decúbito prono).

Por ecografía, en la rotura completa se puede ver una interrupción de todo el tendón, con retracción de los extremos tendinosos e interposición de líquido (hipoecoico con algún coágulo hiperecoico y cambios inflamatorios) entre ambos cabos. 

En RM, dicha acumulación de líquido será hiperintensa en T2. En cortes axiales de esta misma secuencia, es importante localizar el tendón plantar con el fin de no confundirlo con la integridad parcial del tendón de Aquiles. 

Como ya indica el nombre, las roturas parciales muestran una afectación de sólo una porción del tendón.  

Una de las ideas más interesantes de este artículo consiste en la posibilidad de diagnosticar la patología del tendón de aquiles a través dela radiografía convencional.




En cuanto al tratamiento, será conservador cuando los desgarros impliquen menos del 50% del espesor del tendón y cuando afecten a la unión miotendinosa. Las roturas completas o parciales que afecten a más del 50% del tendó, el tratamiento será quirúrgico. La cirugía consistirá en una anastómosis terminoterminal percutánea si la rotura es de más del 50% o si existe una diástasis de menos de 3 cm. En el caso de una diástasis de más de 6 cm,se realizará un injerto tendinoso (también se realizan tratamientos biológicos posteriores para favorecer el proceso reparativo).


Fuente: Cobos Huerga C, Vega González ML et al. Lesiones del tendón de aquiles. Diagnóstico por imagen.  Revista Internacional de Ciencias Podológicas 2011, Vol. 5, Núm. 2, 35-45.

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